Porque realmente gran parte de nuestras vidas giran alrededor de las locuras amorosas... me dedicaré a platicarles algunas anécdotas junto con sus reflexiones sobre las cosas que pasan, que hacemos, y que vivimos con respecto a tan divertido y pasional tema... l'amour!
¡Bienvenidos a este mi blog!
Debí comenzarlo hace un mes aproximadamente (básicamente cuando iniciamos clases), sin embargo debido a una maldita bacteria pasé mis primeros meses del 7mo semestre cual zombie, sin inspiración, y sobretodo energía y salud suficiente como para escribir algo interesante.
En fin, dejaré de aburrirlos con mis múltiples achaques de viejita y les platicaré un poco sobre el tema que trataré en este espacio. Aunque el título dice mucho: “Cuz love is all you need” (como la canción de los Beatles), en realidad quiero analizar este sentimiento tan recurrente en la vida de los seres humanos desde un punto de vista algo cómico.
Mi objetivo es que perciban las locuras y enfermedades mentales que algunas veces vivimos, sentimos, afrontamos, y sufrimos, todas y cada una de ellas en nombre del AMOR, o de aquel sujeto al cual tenemos como pareja y se supone: amamos.
Es una situación interesante, de las más esperadas y de aquellas que genera mayor expectativa en nosotros, sobre todo cuando somos más pequeños… sin embargo, pase lo que pase, intentes lo que intentes, y por más que te esfuerces, la primera vez suele ser bastante mediocre… si no es que hasta mala.
En esta ocasión no hay historia, pero pónganse a pensar… como haya sido y con quien haya sido casi nunca es lo que se espera… la expectativa generada suele venirse abajo una vez que todo pasa, y luego se encuentra uno con aquellas pláticas en donde ciertas mujeres confiesan haberse preguntado: “¿es neto que por esto hacen tanto alboroto?”, o las que a la mitad del asunto se sorprenden porque “ya se acabó!”… ni hablar de las que sufren y les duele como nunca.
Francamente todos nos acordamos, pero son raros los que al hacerlo no tienen por lo menos un recuerdo extraño de aquel primer momento.
Hay tanta historia… están aquellos que aprovechan una película cualquiera para hacerlo, pero resulta más cómico recordar que fue durante algo tan ridículo como Flubber, por ejemplo. O los que nos se aguantaron y en cualquier sillón acabaron… también están los que lloraron porque era algo realmente tierno (hoy por hoy seguro se ríen de sí mismos). Están otros que lo hicieron por hacerlo y ya después se arrepintieron… o a los que casi violaron de pequeños, pero en aquel momento se creían verdaderos adultos y los más suertudos del mundo... o aquellos que con tanto entusiasmo perdieron el encanto…
En fin, son tantas experiencias de este tipo como personitas en el mundo, y esta situación por más que la planees siempre acaba teniendo su lado cómico con el tiempo… y aunque no haya sido la “perfección absoluta”, la recordaremos como algo importante, aunque seguramente nunca será recordada como la mejor…
Dicen por ahí que la práctica hace al maestro… yo no sé, sólo pensaba… jajaja.
Catorce de febrero, el afamado día de San Valentín, el romanticismo y la cursilería a flor de piel… todo parecía perfectamente dispuesto para una pareja que ese día podía derramar miel y amor en exceso sin pena alguna...
Era tarde, el chico había salido de trabajar, y ella ya había terminado con sus labores del día, y estaba reposando es su casa, esperando la llegada de aquel. Después de largas horas de espera, a las ocho o nueve de la noche el hombre llegó… ella lo saludó efusivamente y subió a su auto dispuesta a festejar… una cenita romántica o algo similar —pensó ella.
Resultó que el novio no se había percatado de la fecha (TAN ESPECIAL) y no tenía algo preparado, ella únicamente quería ir por ahí a cenar con él, no obstante todos los restaurantes adecuados se encontraban atascados… finalmente cenaron, pizzas, sándwiches, tacos… da igual. Cuando llegaron a la casa del novio, el pobre se sentía demasiado apenado con ella… no quería que terminara el día “cursi por excelencia”, sin que hubiesen hecho algo lindo. En cuanto entraron, el comenzó a idear una pequeña sorpresa para ella, y para realizarla, la dejó en otro cuarto a que esperara, mientras el terminaba con su decoración.
Después de varios minutos y un capítulo de Friends el hombre la llamó para que viera la sorpresa que había estado preparando… la recámara, con luz muy tenue, rodeada de velitas y música romántica de fondo… “Qué lindo”- pensó ella.
No necesito ser muy explícita, con su imaginación podrán intuir lo que ocurrió a continuación… ¡Lo que se hizo, se dijo y el cómo, será producto única y exclusivamente de sus mentes cochambrosas! No obstante, una parte de toda aquella “actividad física”, es la relevante para nuestra historia…
En medio de aquella pasión la chica decide cambiar de posición, toma el control de las cosas y de pronto queda sentada encima de él… en esos momentos, cuando más ganas tenía él de gritar el típico “Dime vaquero” y escuchar una respuesta excitante… ¡se encuentra con la cara de pánico de la chica, en shock, soltando únicamente algunos sonidos ahogados y señalando histéricamente a la esquina del cuarto! En ese momento el chico trataba de descifrar el pensamiento de la novia y no fue hasta que una llamarada gigante llamó su atención que volteó hacia el lugar señalado y pudo comprender todo: la recámara se incendiaba.
El pobre sujeto saltó de la cama, tomó la sábana y sofocó el fuego.
Finalmente se acostaron de nuevo, sobre una almohada chamuscada, y en un cuarto lleno de humo y olor a quemado… el momento se convirtió en un concierto de risas y tos, dónde ambos se percataron de que el exceso de romanticismo (o de inutilidad) puede ser muy peligroso…
¡Para que aumentar la temperatura de lo que ya está caliente!
Este video va "ad hoc" con el mood de aquel San Valentín chamuscado... jajajaja